02900nam a2200265 a 4500003000700000005001700007008004100024020001800065040002400083041001300107082002600120100003700146240002800183245026000211250001100471260004900482520182500531650002702356651001502383655001702398700003102415942001502446952016002461999001302621SpMaBN20260824191400.0130926s2019 ag | |||| 000 0 spa  a9789874688132 aSpMaBNcSpMaBNerdc1 aspaheng0 a895.6442bH436.E 20191 aHearn, Lafcadio,d1850-1904927610aSelecciones.lEspañol13aLa canción del arrozal :bRanas, cigarras, libélulas, mariposas, luciérnagas y grillos en la poesía japonesa /cLafcadio Hearn ; selección y traducción de Mariana Alonso, estudio preliminar de Miguel Sardegna; ilustraciones de Emanuel Gómez. a1a ed. aBuenos Aires :bTambién el caracol,c2019. an un breve relato incluido en La muralla china, Kafka notó que, a riesgo de desmoronarse, el deseo de dejar pasar a través puede transformar a un hombre en puente. Hijo de madre griega y padre irlandés, Lafcadio Hearn abrazó Japón quizá para transformarse en eso mismo. Prueba de ello es La canción del arrozal, una delicada serie de observaciones minúsculas que procuran no solo poner al mágico mundo del Japón tradicional ante la mirada occidental sino también “abrir oídos”. Acaso el tratado De Anima, de Aristóteles, sea uno de los cimientos teórico-filosóficos sobre los que comenzó a edificarse la primacía óptica-háptica de nuestra sensibilidad occidental. Allí se establece una jerarquía entre los cinco sentidos en la que el tacto (que garantiza la vida animal) y la vista (perfecta en el hombre) asumen una posición central. ¿Cómo suponer una orientación estética similar para ese Japón amante de las sombras tan añorado, por ejemplo, por Tanizaki? [“A la luz del día, qué poco interesante eres, rana”]. Debemos al occidental más crítico de Occidente, Friedrich Nietzsche, un primer llamado de atención respecto de esta tiranía óptica-háptica; que se conjuga de mil maravillas en la Era Digital. No solo rescató la importancia del olfato sino, además, como hace Hearn registrando voces cantantes, el sentido de la audición. Por boca de su profeta Zaratustra (aunque bien podría haber salido de la de la rana kajika o la cigarra higurashi), Nietzsche hizo una advertencia que vale para futuros lectores de este libro lleno de pequeñas melodías: “Cantaré mi canción… y a quien todavía tenga oídos para oír cosas inauditas, a ese voy a abrumarle el corazón con mi felicidad” Leandro Surce [contratapa]. 7aPoesía2unescot9135 0aJapón95 0aEnsayo914721 aAlonso, Marianactr.91708 2ddccLIBRO 00102ddc6895_644200000000000_H436_E_2019708ESPAÑOL-INGLÉS91541d2026-08-18eCompral0o895.6442 H436.E 2019p003370r2026-08-18w2026-08-18yLIBRO c974d974